El Mundial subirá 40% el consumo de agua en CDMX, Guadalajara y Monterrey
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El Mundial subirá 40% el consumo de agua en CDMX, Guadalajara y Monterrey

Curaduría Watertech.lat

El Mundial subirá 40% el consumo de agua en CDMX, Guadalajara y Monterrey

Faltan unos días para que la primera oleada de aficionados aterrice en Monterrey, y en una colonia del poniente una familia llena cubetas antes de que el tandeo corte el suministro a mediodía. A treinta kilómetros, un estadio termina de afinar baños, regaderas y máquinas de hielo para recibir a decenas de miles de personas que abrirán la llave sin pensarlo dos veces.

El mismo día. La misma red. Dos maneras de vivir la misma sequía.

Esa es la postal incómoda que dejó el arranque del Mundial 2026 en México. Durante los 39 días que dura el torneo, el consumo de agua potable subirá hasta 40% en las tres ciudades sede —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey—, justo las que ya cargan con desabasto crónico y estrés hídrico, según un análisis que publicó La Jornada y que en los días siguientes retomaron medios y académicos.

No es un asunto de logística. Es una prueba de estrés a tres sistemas hídricos que llevan años operando al límite.

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El golpe no viene del estadio, sino de todo lo que orbita alrededor. Un visitante en hotel consume varias veces más agua que un habitante promedio en su casa: regaderas largas, lavandería industrial, albercas, restaurantes, riego de jardines. Multiplíquelo por cientos de miles de turistas concentrados en pocas semanas y la curva de demanda se dispara en el peor momento del año, en plena temporada de estiaje.

México ya consume 754 metros cúbicos de agua por persona al año entre uso doméstico, agrícola e industrial, contra un promedio global de 512. La fiesta llega, entonces, a un país que de por sí bebe por encima de su media.

Tres ciudades, una misma fragilidad

En el fondo, las tres sedes comparten el mismo talón de Aquiles: dependen demasiado de una sola fuente, y ninguna está sobrada.

En Monterrey, cerca del 60% del abasto proviene de agua superficial —las presas El Cuchillo, Cerro Prieto y La Boca—, las mismas que en 2022 empujaron a la ciudad al borde del "día cero". Guadalajara depende en proporción parecida del Lago de Chapala, hoy en niveles favorables pero siempre a una sequía de distancia del problema. Y la Ciudad de México extrae casi 70% de su agua del acuífero más sobreexplotado del país, mientras cuatro de cada diez litros se fugan antes de llegar a una llave y uno de cada cuatro hogares no recibe agua todos los días.

Sobre esa base ya tensa se monta la demanda extra del torneo. No hace falta una catástrofe: basta con que la rutina se acelere para que el sistema cruja.

¿Quién absorbe el golpe?

Para los organismos operadores —Agua y Drenaje de Monterrey, el SIAPA en Guadalajara, Sacmex en la capital— el Mundial es un examen sin opción a recursar: tienen que sostener la imagen de ciudades de primer mundo sin que se note el racionamiento en las colonias que ya lo padecen. La tentación de priorizar zonas turísticas y hoteleras sobre las periféricas es un riesgo político tan real como el técnico.

Para la industria hotelera y de servicios, el evento es negocio y exposición a la vez: un corte de agua en plena transmisión global cuesta reputación. Ahí es donde el reúso, la captación pluvial y el monitoreo de fugas dejan de ser discurso de sustentabilidad y se vuelven seguro operativo.

Y para las autoridades, el Mundial funciona como una radiografía pública: 39 días en los que el mundo mirará no solo los goles, sino qué tan lejos está México de garantizar el derecho al agua que su propia ley promete.

El torneo terminará en julio y los reflectores se apagarán. Las presas, el acuífero y el lago seguirán ahí, contando cada litro. La verdadera prueba no es aguantar el Mundial: es lo que cada ciudad haga con lo que el Mundial deje al descubierto.

Fuente original: La Jornada

Más fuentes: El Imparcial · UDLAP / Periódico Central